Los tambores de Barrio Sur

Publicado el 2011/10/03 en Escritura

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Montevideo Atardecer PalomaDesde otra azotea, otra única azotea.

Acabo de ver el atardecer más hermoso de ahora.

El cielo tiene mil colores y van cambiando en cada segundo. Conmigo. Yo con él

Mi corazón baila igual que la ropa tendida. Seca. Estuvo mojada.

La luna me sonríe. Seguro que está contenta. También vio el atardecer.

Poquito viento. Las palomas de la Ciudad Vieja se arriman al edificio de enfrente para escuchar cantar a un pájaro que para mi no tiene nombre. Seguro que para ellas tampoco. No es que tenga mucha importancia.

Hoy es domingo. Día del sol.

En el Barrio Sur de Montevideo se empiezan a aprontar los tambores. Hay fogatas a un lado de la calle sustituyendo el calor del Sol para calentar los cueros que vibrarán con la madera.

Un olor a madera quemada, a chorizo cocinándose, torta frita con grasa, marihuana, tabaco. Primavera con dejos de lluvia.

noname Montevideo KungfuEl magnetismo comprende a toda la ciudad. La gente se acerca, conversa, toma mate. Algunos ya empezaron a aporrear la casa del Chavo del 8 para probar que tal suena.

El contraste de esos dientes blancos sobre esas caras negras me causa gracia. La gracia de alguien que está mirando la fantasía del juego ante sus ojos. Me acuerdo de “Duerme negrito” con ternura. Sonrisas.

Esas manos…

Esas manos que imagino deben ser muy ásperas empiezan a probar los tambores de colores cuando las estrellas se pierden de a momentos entremedio de las nubes. Ansiedad. Expectación.

Van a formarse. Supongo que tendrán posiciones de acuerdo a los tres tipos de tambores (el grande, el mediano y el chico) pero, en realidad, la enciclocística del asunto no es de mi interés en este momento.

TRA TRA TRA. TRA TRA

TRA TRA TRA. TRA TRA

Silbidos. Vitoreos. Griterío.

Candombe Barrio SurLos tambores se empoderan con el universo.

No entiendo mucho y no hay nada que entender. La vibración de los cueros cantando con los barriles hace simpatía con mis huesos y entrego el control de mis movimientos.

La esquizofrenia que hubo entre mis caderas y la idea de hacer el ridículo se esfuma.

Trance. Desde el Big Bang hasta el Big Crunch sólo existieron tambores. Si.

Mi cerebro es un necio. De cuando en cuando quiere interferir con la espiriens. No le hago caso. Trance.

No creo estar bailando. Creo que estamos celebrando. Estamos todos. Somos todos.

En un momento la mente armoniza con el cosmos y surge la pregunta: “si no paran de tocar. ¿Por qué vamos a parar de movernos?

Sucedemos

Formación Candombe Barrio SurOlor a noche, sabor a fogata y sensación terrestre. Raíces. Árboles y hojas. El fruto y la flor.

Avanzamos en comparsa. Una, dos, tres cuadras. Nadie las cuenta.

Al frente van unas morochas moviéndose con “esa elegancia que tienen las negras”, como diría mi madre.

Siento una sensualidad cautivante en la alegría de cada movimiento de esas oscuras caderas. De nuevo. No es necesario entender nada.

De súbito, se apaga el ambiente.

El limbo energético.

Decanta.

Siento amplitud en el pecho. Difícil de explicar en el lenguaje.

Estamos.

(…)

“Hey! Amigo! ¿Para donde está Ciudad Vieja? En una línea recta.”

“Para ashá!”

“Gracias”

Camino de vuelta a casa.

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