La Vega

Publicado el 2010/11/07 en Escritura

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No sé qué chucha… debe ser la primavera… la hueá es que ando pa’ la cagá… siempre que ando en la calle, cosa que ahora último hago harto, estoy bordeando la esquizofrenia.

Lo que pasa es que las minas andan muy ricas hueón… el viernes andaba en patronato y entre las minas y el calor estaba volviéndome loco =D …

Bueno. Ayer sábado hice una hueá que hace tiempo quería hacer, ir a la feria para enferiar mi celebro y escribir después (ahora) acá.

Este escrito es algo diferente a los anteriores. Viene más “interactivo” así que antes de empezar a leerlo aprieta el botón “play” que está justo acá abajo y cuando empiece el boche empieza a leer… buen viaje.

Bienvenidos a La Vega

Vecindad Avenida La PazAl principio yo quería ir a “La feria de avenida La Paz”. A decir verdad, no tenía puta idea de adonde iba, pues, hace muchos años que no me pegaba un paseo por esos barrios.

Siempre me pasa que cuando no debería hacer hueás, más ganas me dan de hacerlas… El fin de semana me esguincé el pié derecho y ando con una hueá que es como un yeso pero me lo pongo y me lo saco. Ando en bicicleta igual.

Lo que yo sabía era que me iba a bajar en la estación de metro Puente Cal & Canto y cruzar el Mapocho… lo sabía a medias así que le pregunté a un viejo en el metro si estaba en lo correcto. Lo importante era que, de llegar, iba a llegar y fuese lo que fuera, algo iba a sacar del paseo.

Cuando yo era chico mi tío vivía en avenida La Paz y al caminar por la calle tuve unos flashback de recuerdos, olores, visiones y sentimientos. Me acuerdo que me gustaba el estilo de pasaje de “vecindad”. A la vez, no me gusta ver a los viejos hechos mierda tirados en la calle con la pilsen pidiendo monedas, me da pena y me siento súper incómodo.

Seguí caminando con poca esperanza porque lo que yo esperaba encontrar era una calle repleta de carretas con las frutas y verduras al aire libre mientras viejas con delantales floreados gritaban las papas. No había nada de eso.

La Vega AceitunasMi viejo me había encargado aceitunas, así que estaba ojo al charqui con locales que vendieran.

Barriles azules grandes, cajones de madera con nueces, almendras, maní y huesillos.

Entre la coliflor, la cebollita, el picle y las aceitunas se jugaba una pichanga bien sabrosa. Me llamaron la atención algunos jugadores y me llevé un kilo de los mismos. Misión número uno cumplida.

Seguí caminando hasta que llegué a una intersección. Miré para los dos lados y vi un letrero bien grande que decía “Vega Central” o algo así. “Esta es la mía”.

Y me puse a caminar más rápido porque como no conocía el sistema, la feria podía terminarse en cualquier momento y no quería perder el día.

De entradita caché como venía la mano. Harto desorden, harto hueveo, harto griterío, hartos olores y mucha, mucha gente. Vamos.

Feriante La Vega PaltasEl hedor a verdura podrida al sol con humedad fue aplastado sin piedad por el de las frutas frescas mientras todo daba vueltas en una sopa de millones de estímulos sazonada y revuelta por un borracho. Me imagino que un viajero se volvería completamente loco ahí adentro.

Mientras iba caminando me sentía un poco como un gato cerca de una lámpara de noche. Cada vez aparecen más polillas y me faltan sentidos para disfrutarlas a todas. Mientras olía el apio miraba el penetrante rojo de las frutillas y un viejo gritaba “¡Escarola, escarola! Siete escarola en mil!” o algo así…En realidad al principio yo le entendía “a siete mil la española” y no sabía qué chucha estaba vendiendo, pero no importa, disfrutaba de la experiencia de estar en ese desorden esquizoide.

Me di muchas vueltas mirando las naranjas y los zapallos, las alcachofas y manzanas, limones, ajíes, ajos, bolsas con fruta, guaguas, minas ricas y viejas feas, perros con tiña y viejos borrachos vendiendo LA mata de cibulé que se encontraron tirada en el piso. Olí el pescado, la carne, la humedad sobre la piedra, el cigarro y perfumes diferentes, todos con su singularidad dentro de este sahumerio en plural mal conjugado pero que igual se entiende.

Zapallos y cebollasA mi me gusta el griterío, pero en contexto. Me pongo a pensar que la música es en realidad eso, griterío de hueás en un contexto donde funciona. Jajajaja, es como estar en un grupo de amigos y el que uno se tire un peo es “música para mis oídos”. Ese peo lleva a poner caras de “qué chucha”, descubrir al autor del crimen. Gritos, hueveo, risas, muchas risas y calma. Tensión y reposo. Igual que la música, igual que la vida.

“¡¡Venga reina que estoy barato, que estoy barato!!”

“¡¡Ajo, ajo, chileno el ajo!!”

“¡¡Llévese los tomates que son los últimos que me quedan, los tomates, los tomates!!”

“¡¡La pescá, la pescá, está barata la pescá!!”

Y claro, bajo la capa de olores y colores brillantes y hediondos está la dinámica vecinal de la gente, la hueá no funciona sin eso.

La PescadaMe quedé un rato al lado del “Venga reina que estoy barato”, un viejo que le limpiaba las pepas a un zapallo y una vieja con (yo creo) su hija que me echó la choriá en buena. Después de que me vio caga’o de la risa, me dio un empujoncito y me dijo “este es mi territorio”. Yo le ofrecí combos y se rió también. Entre ellos también se tiraban palos y se hueviaban… muchas veces se me olvida esa capa tan humana que está en todas partes.

Me compré unos plátanos y unas paltas.

Seguí dando vueltas hasta que me encontré con Víctor de nuevo, después de su funeral. Este hombre está en todas partes.

Un grupo auto gestionado bueno pa’ meter boche disfrazado se tomó La Vega. Un último regalo.

nenei