El Metro

Publicado el 2011/02/09 en Escritura

Tags: , , , , , ,

Me gusta mucho el concepto del viaje.

Todas las experiencias que se pueden vivenciar, sea cual sea, tienen un comienzo, desarrollo y final.

El final puede ser otro comienzo. Al igual que dentro del desarrollo pueden haber otros viajes contenidos. Es como leer un libro en el bus o escuchar un disco en el tren. Viajes entre viajes.

El tipo de viajes más recurrentes que he tenido este último tiempo es del tipo emocional. Generalmente van desde el pasado hacia el presente o bien desde el presente hacia el presente. Esos no se acaban nunca.

La paso increíble dándole espacio a mi imaginación cuando voy viajando por donde sea, me gusta mucho darle un sentido mágico a las cosas. Por eso ahora nos vamos a ir de viaje hacia pasadizos secretos debajo de Santiago.

 El Metro

 

Metro de Santiago

Salir de mi casa lo considero como salir de una cueva. Desde la seguridad de lo concreto, mientras me acerco a Irarrázabal siento que los árboles cada vez están más separados los unos de los otros. La luz se clarifica abriendo paso a sombras ajenas que permiten ver lo reflejado de los reflejos que me rodean.

Entrada Metro de SantiagoTomar la micro ya cambia mi perspectiva. Entro en una gran oruga blanquiverde cuya metamorfosis está sujeta a cambios administrativos. Nunca digas nunca.

Me bajo en Plaza Egaña. El mismo ciego con la misma caja escrita llena de faltas de ortografía. ¿Quién habrá sido el hueón pesa’o?

Encuentro una de las decenas de entradas a estos agujeros de gusano intermetropolitales, como siempre, con Sonic Youth sonando a toda raja en mis oídos. Me detengo un momento. Voy a probar algo diferente y escuchar la música del metro, ver a la gente del metro, oler el metro, sentirlo.

Me alejo del ajetreo de la superficie de la tierra y me adentro. El sonido de los zumbidos automatizados se va apagando dándole su espacio en el aire a infinitas reverberaciones. Escaleras mecánicas, pasos, voces, voces, pasos.

En esta baldoza pareciera que todos jugamos básquetbol, pero con un balón individual.

Bajando escalera del metroAlienados. Inmersos en nuestro pensamiento. Hablando por celular, escuchando música con un “pérsonal”, mirando un punto fijo sin ver nada, estamos todos solos, pero acompañados en nuestra soledad.

Y está bien.

Bajo y bajo escaleras. La gravedad de mi curiosidad me lleva cada vez más hacia adentro.

Todo vibra fuertemente, las personas a mi alrededor empiezan a inquietarse y a mirar a un agujero al final de la cueva.

Nos acercamos ciegamente al abismo que está entre andenes con el propósito de acercarnos de lejos, cuando muchas veces no vemos que al lado de nosotros también hay personas en camino a lugares símiles.

El gusano que apareció desde su agujero venía con un sonido bastante fuerte. Entramos a sus entrañas. El lenguaje entre los que vamos en sus conductos intestinales es una sinfonía de kinestesia. Usted bosteza y yo bostezo. Usted dice algo que se escucha por encima del ruido del gusano y todos miramos, no lo vallamos a molestar mucho.  Usted me mira y yo miro para el lado, haciendo que el que me miraba mire a otro y así vamos jugando al corre el anillo.

Vagon de MetroOtros juegan al póker. Gafas oscuras, sombrero y un reproductor de audio compatible. Sabemos que también hablan pero no hablan.

Varían.

Parada uno, parada dos, cuidado con el cierre de puertas. Se encuentran dos gusanos adentro de un túnel compartido. Quién sabe si se saludarán siempre que se ven. Quizás son parecidos a nosotros. Se saludan en la mañana con mucha ceremonia, después solo dicen “hola” de lejos. Al final solo es un arqueo de cejas para terminar despiendose con la misma ceremonia matutina. Otro tipo de viaje.

Vagon Metro AdentroLos caminos de gusanos subterráneos son extraños. Yo no entiendo mucho que tiene que ver tanto jabón de pelo, casas de estudios, ropa a la moda o que el tratamiento dental esté a un diez por ciento de descuento. Debe ser porque algunas veces estos gusanillos comen porquerías y aveces no la digieren. En fin.

Combinación.

Mientras finteo personas y carteles que intentan asustarme usando la eterna espera por un futuro que ni siquiera existe, pienso en Chaplin.

Luces de gusano nuevo. Sonidos de gusano “underground” como dicen (y también digo).

Perfumes extracorporales que muchas veces considero invasivos se mezclan y pululan dentro del vagón. Me siento traspasado. Desde hace un tiempo encuentro raro oler a una persona que no tiene olor propio. La mayoría de los hombres huelen a axe y las mujeres a frutas de mentira.

Después de mucho tiempo dentro de los caminos del gusano empiezo a acordarme porque uso mi bicicleta para ir a todos lados. Estar en el intestino de un buen gusano al que solo de dan de comer publicidad y stress interpersonal es complicado.

Busco una salida.

Es una lástima que a estas lombrices de concreto subterráneas no las dejen salir a airearse un poco. Deben estar cansadas. Quizás hasta están esperando que aparezca una gallina de su tamaño que acabe con el abuso.

  • no fakin nein